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viernes, 17 de febrero de 2012

Pesaguero y el Agua.

Pesaguero y el Agua.
Juan Barroso 2012





En Pesaguero, un caserio del Valle de Liebanas, en los Picos de Europa. Detrás de nuestra casa  corría un riachuelo de montaña parecido a este que se ve en la fotografía que ilustra el relato. Trae aguas del deshielo. Aguas que nacen en las cumbres, nevadas hasta mediados de verano. Su agua era tan  fría que quemaba. Nos quemaba los pies cuando chapoteábamos en ellas.

Cuando llegamos a Pesaguero tenía 6 años. Toda mi vida, el universo entero entonces solo eran 6 años, un paleolítico de los 56 que ya he cumplido. Mi  historia tan breve como el contenido de la maleta donde mis padres transportaron todo lo que tenian cuando dejaron el pueblo en que nacimos. Sierra de Fuentes. No puedo decir "cuando dejaron su tierra", porque  los pobres eran tan pobres que nuca tuvieron tierra. Ni casa propia. Ni cosa de valor a la que decir esto es mio.   Lo mas valioso que teníamos era la compañía de nuestra propia compañía. La familia mas próxima, aunque a poca distancia, estaba muy distante. Cada cual tenía sus problemas y eran tiempos del "sálvese quien pueda". 1960, en lo que a mi casa toca, fueron tiempos difíciles. La "Crisis" de  hoy no es la primera de nuestras crisis nacionales. La palabra España, encontra de lo que puedan decir los filólogos, significa Crisis.

Las maletas de mis padres, lo recuerdo,  eran grandes y de cartón. Entonces se conocian con otra mentira propia del comercio, maletas de cartón piedra. Se acostumbraban a forrar con tela o lona porque con cuatro gotas el cartón se desacía. Dentro de esa maleta podríamos haber viajado mi hermana  Ñiñy y yo  tumbados tan largos como eramos. Por lo ampio de la maleta y lo diminuto de nuestra talla. Las  maletas compraron para el viaje. La gente rural entonces no tenía maletas. Para nada hacian falta. Se nacía y moría sin ir más lejos que donde te mandarán para hacer la mili. Para eso no hacía falta maleta, los hombres marchaban con lo puesto y te daba un petate para trasladar el unforme que te daban.  Este era el viaje mas decisivo que he hemos emprendido.  La maletas fueron pagadas con la primera "paga" de mi padre. El primer sueldo con garantía de cobro que este hombre recibía. Hasta entonces su sustento eran jornales de bracero. Jornales caídos de la voluntad del patrón y de la clemencia del cielo. El día que Dios quería no podían trabajar y  sino braceaban  no cobraban.  Hoy bien comprendo porque en las procesiones litúrgicas de mi pueblo, en las rogativas para la lluvia decían "Ya se que estas eternamente enojado, Señor. Perdona a tu pueblo, perdónalo Señor".  Estas canciones, que dirigía el párroco, seguro que las componía la Patronal. Y se aceptaba entonces como voluntad divina, dando gracias al cielo por su clemencia. Unas veces se rezaba para que no lloviera más, otras para que cesara la pertinaz sequía. Siempre agradecidos porque todo podría haber sido peor.

 Las maletas de mi padre, como he dicho, eran dos maletas grandes de cartón con cantoneras metálicas  para reforzarlas y un baúl de madera pobre. Tan  pobre la madera que estaba forrado de un latón pintado a su vez imitando madera para ocultar la maldad de la madera que protegían.  En las dos maletas y el baúl,  llevaban mis padres  todo cuanto tenias o podían llevar. Los colchones de borra, donde soñábamos nuestro presente pasado, se los dejaron mis padres a María, hermana de Agueda, mi madre. María estaba más necesitada. Ya os podeis imaginar. Dos años después emprendió nuestro mismo camino.

Hasta Santander el viaje fue largo pero breve. Los viejos vagones de madera, con sabor a saloncito de casa, donde a la hora de comer la compaña de viaje sacaban sus fiambreras y hacían un ofrecimiento cordial a la concurrencia. Ofrecimientos que por educación se solía aceptar. Era feo decir que no. !Um, que rico¡. ¿Que es?. "Es patatera de Arroyo", decía mi madre. "Pues dígame usted  si le gusta esto, lo hice antes de salir". Y el tren lento y señorial para los pobres atravesaba el paisaje con un ronquido tristón, como si le costara dejar atrás las encinas.

 


Llegamos a Santander no se bien como. Mi padre dijo que hasta que fuera la hora de tomar el autobús para Potes iríamos a ver el puerto. A pasear por el Sardinero. Teníamos toda la mañana. Desde la Extremadura tramontana al Mar. De la rústica perillanura, seca y madrastra, al Sardinero, rico y esplendido. Entonces mas que hoy.

De Santander, solo recuerdo una especie de mareo y aturdimiento.  Voces, movimiento. Por las calles de mi pueblo no se veía un alma  en la calle hasta el caer la tarde cuando las viejas salían con su silla a la puerta de casa  para hablar con las vecinas. Mi madre, un año después, cuando fuimos al pueblo, en verano, por el mes de vacaciones de mi padre, me pedía a mí que entrara en el bar para decirle a mi padre que estábamos con los abuelos esperándole para comer. Ella no podía entrar. Que diría en el pueblo si vieran a una mujer en un bar.  No, no estoy hablando del siglo XIX. Era 1961.

Mi primera impresión del mar fue, creo hoy, de un despilfarro exagerado. ¿Para qué tanta agua? ¿Porque tanto espacio?.

Mi  padre se acercó al malecón del puerto. Sus pies justo al borde y nos miraba satisfecho. Nos indicaba que nos acercásemos  perdiéndole la cara al mar, con un gesto torero, como menospreciando el rugir de las olas del cantábrico. Me indicaba que fuese junto a él e hice un intento. Le mire y volví la vista a mi madre. Ella inexpresiva permaneció inmóvil.  Di un paso y retrocedí. Me atraía la valentía de mi padre pero me decidí por la prudencia de mi madre y retrocedí. Me asalta la duda de si mi actitud fue correcta. Hoy, a la vuelta de los años, considero que no he sido cobarde cuando la situación lo requería.

De Santander a Pesaguero nos quedaban 120 kilómetros en autobús que me parecieron mas tortuosos que atravesar la península.  Me vienen a la mente nombres de pueblos por los que pasamos. No por mi buena memoria, que no la tengo, sino por oírlos repetir en casa.  Torrelavega, Cabezón de la Sal (un nombre tan sonoro que es imposible olvidar), San Vicente de la Barquera,  Potes, Cabezón  de Liebana, Pesaguero.

A partir de la parada de Potes el autobús comenzó a oler a muertos, o eso nos pareció. Mi madre se puso malisima, Ñiñi medio en coma y yo tan feliz porque aquello olía como mis pies. No debía ser tan malo. Después descubrimos que el autobús había cogido en Potes una carga de queso de Cabrales y de hay el olor. Pero bueno, hoy a todos nos encanta un buen Cabrales.

Ya en Pesaguero, y después de unos meses sucedió mi segunda y mas fuerte experiencia con el Agua. Lo del Cantábrico y el Sardinero no tiene importancia comparado con lo que me vendría a suceder. No se como ni de que manera, un día, que sino era ya invierno, si que hacia bastante frió,  nos acercamos, Ñiñi y yo, a un pilón, una especie de abrevadero para el ganado, que no se encontraba a más de 200 metros de casa.

 Pesaguero.

El día en el que me amorré al pilón no sería mejor que el de la foto. No era un día crudo de inverno, pero hacia frío. La pila de agua no era demasiado grande. Una simple pila para abrevar el ganado, de la altura justa para que una vaca pasiega bebiera. Pero a mi me pareció el Cantábrico en un día de  mar brava. Yo pretendía llenar un  latón de leche merengada en el caño central que bertía sobre la fuente y Ñiñi, como de costumbre,  quiso tomar delantera. Y surgió la  disputa. "Yo primero" Y me encaramé en el brocal de la pila para llenar mi bote el primero.  Cuando estaba en postura arriesgada y acrobática,  a Ñiñi le dio uno de sus acostumbrados arrebatos y me propinó un  menudo pero eficaz empujón, como para que me fuera de bruces al centro del piélago  y caí de morros en el inmemorial estanque.

Aquel insignificante pilón, en el que hoy me costaría trabajo doblar la espalda para amansar mi sed, me pareció mas abismal  que los negros fondos del Cantábrico. Y no perecí en tal afreta por providencia divina, pensaba. Salí de el como pude y, gritando y empapado, corría a casa que  estaba a escasos 200 metros. Al verme llegar mi madre comenzó a gritar también, me abrazaba con fuerza y me estrujaba contra ella. Yo parecía una fregona  liberando del agua en el cubo que me pareció mi casa.

Ante tal algarabía acudieron las dos vecinas más próximas. Las mujeres de las dos únicas casas que junto a la nuestra se alineaban al pie de la carretera a la entrada de Pesaguero. La madre de Chuchi, el de las tabalitas de la entrada Laxen Busto, volvió a su casa y regresó con una cazuela llena de vino caliente con azúcar. Yo ya seco y mudado continuaba con un solo de castañuelas que hacían mis dientes. Mi madre se lamentaba: "Ay mi niño, que se me coge una pulmonía" gritaba. La madre de Chuchi la tranquilizaba recomendándole que diese el vino caliente con azúcar y ya vería como enseguida entraba en calor. 

Me pusieron sobre una manta en la trébede de azulejos blancos de la cocina y me suministraron un buen vaso de vino dulce y celentito que me supo a gloria. La madre de Chuchi fue generosa en la cantidad de la mágica medicina que preparó. Pensaría que era mejor tener remanente de farmacia tradicional por si los síntomas persistían. Dejándome algo recuperado y adormecido al calor de la trébede, mi madre y las otras dos mujeres se debieron poner a debatir la actualidad de Pesaguero en una especie de Corazón Corazón improvisado. Yo en el abandono asistencial de mis cuidadoras debí pensar que la dosis suministrada de aquel milagroso bebedizo quizás no fuese suficiente, y que si se enfriaba la pocima perdería sus propiedades. Así que me fui aplicando dosis hasta vaciar la cazuela.

Mi madre y sus amigas de debate debieron interesarse por la evolución del paciente y regresaron para oscultarme. Yo, según me contó mi madre, porque de ese episodio recuerdo lo que por tradición familiar se ha repetido en cinco mil reuniones, la miré al entrar con los ojos como platos y al parecer en mi mirada había puesto la larga. Si, que al mirarla mi enfoque de visión la atravesaban y se estrellaba en la pared del fondo de la habitación. Quise ponerme de pie sobre la trébede y me caí de culo sin poder mantener el equilibrio. Los efectos secundario de todo buen medicamento. Miraron  la cazuela que debía contener el bálsamo de fierabras y claro, se encontraba vacía.

No se si fue por este episodio o por la herencia familiar que recibí de mi abuelo materno Luis "Zorrilla", tengo una consideración especial al vino, al que considero uno de los mejores remedios para diversos tipos de dolencias, sobre todo las que afectan al espíritu.

Ermita de La Parte (Pesaguero) en la que hice la primera comunión.


Yo vestido de marino en mi comunión en La Parte (Pesaguero). No recuerdo el nombre de las niñas. El que me acompaña es el hijo de Jeronimo, el herrero que vivia junto a nosotros. Perdió un ojo trabajando en la herreria.

martes, 14 de febrero de 2012

Gao Xingjian - Una Caña De Pescar Para El Abuelo


Gao Xingjian  

Tinta sobre tela





Gao Xingjian, 1940.

 Chino residente en Francia.  Premio Nobel de  Literatura en el 2000.

Autor de una colección de cuentos  escritos en los 80, llamada
  Una caña de pescar para el abuelo.












































  Una caña de pescar para el abuelo.
fragmento

Iré a las afueras, a la orilla del río de las afueras al que el abuelo me llevó a... ¿pescar?, recuerdo que el abuelo me llevó al río, no me acuerdo con claridad si pescamos algo pero recuerdo que tenía un abuelo y una infancia y que en esos años de infancia me sentía muy mal cuando mi madre me bañaba desnudo en el patio, he buscado la casa en que viví cuando era pequeño, también me acuerdo que una vez me levanté en mitad de la noche para ir a cazar con alguien que no era el abuelo, caminamos todo el día y matamos un gato montés que confundimos con un zorro, me viene a la memoria un poema cuyo protagonista lleva el cuerpo cubierto de cuchillos de caza tintineantes, una libélula sin cola revolotea sobre el lugar, los críticos tienen padrastros en los ojos y el mentón ancho, quiero escribir una novela profunda, tan profunda que las moscas perezcan ahogadas en ella, y luego veo la espalda del abuelo sentado en cuclillas sobre un taburete fumando encorvado una pipa, abuelo, lo llamo pero no oye, me llego a su lado y lo llamo de nuevo, abuelo, y esta vez se vuelve pero no sujeta en su mano ninguna pipa, lágrimas viejas le surcan el rostro e hilillos de sangre le inundan los ojos como irritados del humo, bien que gustaba de echarle leña y paja a la estufa para calentarse en invierno sentado en cuclillas al lado de su boca, ¿por qué lloras, abuelo?, pregunto y se suena con los dedos y lanza un suspiro y se limpia la mano en un costado de las alpargatas sin dejar la menor huella, las alpargatas de suela bien gruesa que le ha hecho la abuela, me contempla con sus ojos rojos sin decir una palabra, te he comprado una caña de pescar con carrete, le digo, él carraspea desde lo más profundo de su garganta sin mostrar el menor entusiasmo, de este modo llego al fin a la playa del río, el crujir de la arena bajo mis pies parece suspiros de la abuela, la abuela andaba farfullando todo el día pero no decía una sola frase inteligible, y si le preguntaba adrede ?qué dices, abuela?, levantaba perpleja la cabeza y al cabo de un buen rato decía ah, ¿ya has vuelto de la escuela?, o ¿tienes hambre?, en la cestilla de la cocina hay boniatos cocidos al vapor, cuando estaba enfrascada en sus monólogos era mejor no interrumpirla, hablaba de las cosas que le pasaban de mocita, pero si la escuchabas a escondidas desde detrás del respaldo de una silla parecía decir siempre lo mismo, está cubierto, cubierto, cubierto, cubierto, cubierto, algo así como que todo está cubierto, todos estos recuerdos resuenan bajo la arena que hay bajo tus pies.







lunes, 23 de enero de 2012

LAXEN BUSTO. Fragmento de Vidas Ejemplares.

     LAXEN BUSTO     

Como aclaración previa, existió un grupo musical llamado así. El nombre proviene de la marca de un laxante: Laxen Busto. No en vano, el lema del grupo era "música para cagarse". Imitaban a LED ZEPPELIN. Pero esto solo es documentación.




viene de 
http://abu-barras.blogspot.com/2012/01/laxen-busto-fragmento-de-vidas.html

La historia continua diciendo .....


Después de mi decepción con la televisión, regresé de Potes a Pesaguero a la hora de comer conducido por la Guardia Civil. Si. Me trajo a casa igual que me llevó, con el mismo sofocón, mi padre. Inocencio. Los que le querían le llamaban Tito. El miembro de la represiva y temida Guardia Civil más afablemente enérgico que he conocido. Al presentarme ante mi madre  lo hice como el ece homo que viene de recibir el mayor escarnio que en este pagano mundo se pueden recibir. Sobreactué un poco quizás, y me abracé a Ella gimiendo y llorando. !Mama, porqué me has abandonado ¡ debió ser lo que pretendía yo representar en mi sobreactuación. Había sido entregado a aquel analista, saca-sangre,  por mi propio padre para redimir los errores clínicos de estos impresentables mata sanos. 

No se bien si fue por pena o por falta de hierro (como canta Serrat en las Coplas de Currito el Palmo), pero para comer ese mismo día o por esas fechas, de dieron un plato que me ha dejado un recuerdo entre novedoso, extraño y  único. Recuerdo que se llamaba boronas.


 Las boronas  se las trajo a mi madre la vecina, la madre de Jesusin, "Chuchi", el que se comía "las cagalutas" o cagaditas de cabra diciendo que eras aceitunas. Claro que no era más que un crío de 3 años. Mi madre le vio un día con un puñado de cagalutas en la mano y la boca manchada de algo oscuro y le dijo: Chuchi, ¿Que estas comiendo?. Y Chuchi contestó: "aceitunas". !No, no son aceitunas, son cagalutas¡ le gritó mi madre. Chuchi a partir de ese día, cuando le preguntábamos: "Chuchi, ¿esto son aceitunas? respondía: No, son tabalitas.  Pero volvía a recogerlas con  intención de llevarlas a la boca. Se ve que le había cogido gusto a aquel extraño manjar. Lo mas gracioso, según he conocido mucho después, es que Chuchi, de mayor fue a estudiar repostería a Potes.  Esta historieta la hemos oído mil veces en casa y era de las más graciosas que mi madre recordaba por navidad. 


Buscando en Internet , he encontrado un plato que se parece a mis boronas
En Internet lo llaman PANTRUCU CON TORTOS.

 Las boronas me han dejado una impresión  entre imborrable y difusa. No hay que olvidar que yo no tenía más de 8 años. Las recuerdo en  un plato repleto de una pila de tortitas de color negro y verde con puntitos blancos de olor dulzón y apetitoso.  Estaban hechas con sangre de cerdo y berzas. Las que yo recuerdo eran mas grandes que estas que se ven el a foto. Cada borona cubría casi todo el plato. En Internet he encontrado la receta de lo que yo creo que fueron mis boronas (para ver receta pincha AQUI) 

Sangre de cerdo
cebolla picada muy fina
grasa de cerdo
tocino fresco
harina de maíz
harina de trigo
sal
perejil
orégano
berzas
aceite

Lo de las boronas no es mas que una introducción en este post de LAXEN BUSTO. Es introductorio porque las boronas se hacen con sangre fresca de la matanza del cerdo en Pesaguero, que, casi como en todos los sitios, se realiza en diciembre. Y en diciembre, en Pesaguero, caen unas nevadas del 15. Mayores que la que se ve en la foto que hicieron Alicia y Marc cuando fueron a conocer Potes y Pesaguero, y que aquí pongo.

Por estas fechas, con todo cubierto de nieve, el pueblo quedaba aislado hasta que no pasaba la quitanieves y eso podía tardar un par de días. El pan nuestro de cada día  que subían desde Potes, no llegaba en días así y la vecina, la madre de Chuchi, el de las "tabalitas", nos ofrecía unas hogazas de pan riquísimo que ella misma hacía. Y con las hogazas vendrían las boronas, imagino.

 Bueno, pues uno de estos días de invierno en los Picos de Europa, ocurrió uno de mis primeros contactos con la farmacopea. Concretamente con el LAXEN BUSTO.




Mi madre se puso a hacer sus cosas de casa y nos dejó a Toñy y a mí saltando y brincando en su "tálamo marital" (que forma más rara de llamar a una cama de matrimonio).  Resalto sus cosas de casa  porque en aquellos tiempos de maricastaña en el carnet de identidad de todas las mujeres españolas decentes figuraba: De profesión sus labores

Yo de siempre he tenido un carácter cotemplativo y melancólico y soñaba acercándome a mirar por la ventana. La nieve se había llevado el paisaje. La carretera que pasaba frente a casa no estaba y todo lo cubría una enorme sábana blanca. Pensaba que la casa estaba flotando sobre las nubes. Toñy, que era y es, nerviosa e impulsiva, no podía parar de remover todo, aunque con la viveza de la inteligencia femenína volvía a dejarlo todo en el orden que se encontraba. Yo no hubiera actuado con tanta prevención y de hecho más de una vez me descubrieron alguna pequeña sisa justo por esto. Y es aquí cuando mi hermana dio con una pequeña y preciosa caja  de latón idéntica a la que aparece al comienzo del post.

La cajita nos pareció todo un descubrimiento. Y como siempre suele pasar, más entre hermanos, comenzamos a pelear por su posesión. Yo pretendía aquella cajita por la novedad y con el único fin de contemplarla,  pero Toñy, como buena mujer, pretendía su posesión y dominio. Y llego la pelea. Pero la pelea que sobrevino, a diferencia de otras, aunque igual de feroz y cainita, fue átona, insonora, sin un solo cañonazo. Como el asalto de un comando ninja. Y vuelvo a remarcar la astucia femenina. En peleas normales, Toñy, utilizaba como arma de ataque el sonido. Hoy podría decirse que fue la precursora del sensurround. Algo parecido a lo que hacía Alicia cuando se peleaba con las hermanas. Gritaba con un tono de una aguzada insoportable y arrogaba al suelo lo que se le ponía por delante. En esas situaciones normales utilizaba el ruido como arma o como escudo protector, ya que en cuanto la oían acudía mi padre o mi madre preguntando: "que le haces a la pobre niña, bruto" En esta ocasión Toñy debió considerar que el silencio le era más conveniente. 

Con la cajita de LAXEN BUSTO se metió debajo de la cama y allí se quedó en silencio. Permanecí extrañado un momento. ¿Que hacer ante esta situación? Consideré que ella  tendría miedo a que le quitase la cajita por mi evidente superioridad masculina y ... Si, si. Miedo a mi fortaleza varonil, y un jamón...  Cuando al fin miré debajo de la cama, ella estaba abriendo unas pequeñas chocolatinas envueltas en papel de plata  y se estaba poniendo morada. Las comía con gula. Cuando alargué  mi mano mendicante escondió la caja y me dio una. Una miserable y  ridícula chocolatina, que si estaba riquísima, pero insignificante para el atracón que se esta dando ella.

Pero no queda crimen sin castigo, no. Aunque Toñy guardó la caja de LAXEN BUSTO donde la encontró el delito deja su huella. Cuando mi madre entró en la habitación para ver que hacíamos tan calladitos observó junto a la cama un envoltorio plateado. Ah, que es esto. Inspeccionó mi madre bajo la cama y vio el reguero de indicios delictivos. No me faltó tiempo ni valor para levantar mi mano y con mi dedo indice imputar a aquella avarienta que apenas había querido compartir conmigo una misera chocolatina de su botín. 
No me tembló el pulso en mi acusación. Tampoco tenía otra alternativa. En el escenario del crimen solo estábamos ella y yo. Yo no podía cargar sobre mis inocentes espaldas la autoría de semejante acción y de las posibles reprimendas que podría conllevar. En un principio yo pensé que aquellas deliciosas chocolatinas debían ser una especie de golosina que mi madre guardaba para si, aunque me resultase extraño que guardase tales delicatessen sin compartirlas con nosotros.

 No entendía bien aquello y menos cuando mi madre comenzó a llorar y darle besos a mi hermana, gritando: "mi niña, mi niña, Tito, que la niña se ha comido toda la caja de laxantes. Que se nos muere". Que barbaridad, pensé yo. Laxantes, las deliciosas chocolatinas eran laxantes. Toñy se acababa de comer una caja entera de laxantes. Y yo continuaba con mi dedo acusador en alto sin saber donde meterlo. Me sobrevino un temor. "A que el final tendré yo la culpa" Me venían a la mente potenciales reproches: "Y tu, siendo su hermano mayor como has dejado que hiciera esto" Menos mal que la situación tomó otros derroteros y se olvidaron de mí.

El pueblo estaba incomunicado por la nieve. ¿Que hacer es semejante situación? Mi padre corrió al cuartelillo de la Guardia Civil para consultar por teléfono al médico de Potes y le explicó lo sucedido. "Su hija de cinco años acababa de comerse una caja de laxantes LAXEN BUSTO entera. El doctor le tranquilizó, "lea en la cajita que son inofensivas, eso si, que no beba líquidos en todo el día, de lo contrario la niña defecará como un mirlo. Pero no se preocupe, no le pasará nada". 

La única inquietud que no quedó era que sería aquello de que la niña defecaría como un mirlo. Vaya con los términos médicos. Después lo entendimos y nos reímos.

Y mira como son las cosas. Mi madre diría: "Mira tú por donde..." Si después entenderíamos el término defecar " Toñy, mi hermana, estudio enfermería y de mis cuatro hijas: Emma es doctora en biología, Tere técnico de laboratorio y enfermera, Montse psicologa que entiende de las diarreas mentales de la condición humana y Alicia también ejerce en enfermería. 

Todo esto, aunque cierto, no es más que mera casualidad pero le da al tema del LAXEN BUSTO una cierta coherencia, ¿No?


Por aquellos entonces tenía yo esta pinta. El marinerito en su primera comunión. En la hermita de La Parte de Pesaguero (Santander)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Te invitaría a cenar por Nochebuena.

Te diría: "pásate a cenar el 24" he preparado un lomo de cerdo relleno con almendras y piña con una salsa caramelizada de cereza.

He intentado localizarte pero parece ser que no tienes cuenta abierta en Internet. Ya se que siempre has sido un poco dejado para estas cosas. Pero podrías llamarme un día y tomaríamos unos vinos. Yo ahora tengo mucho tiempo libre y supongo que tu también. No ha sido culpa mía, lo he intentado todo, pero entenderás que entre cinco millones de parados me sea imposible dar contigo. En la oficina de trabajo temporal tampoco diste tu dirección de correo y el piso supongo que al final te lo embargaron. No sé donde mandarte mi invitación, pero créeme que la mantengo en pie. Bueno te dejo. Quizás pueda ser la próxima noche buena.

No es cursilería. 
Es cierto que preparé este plato y se quedó sin poner en la mesa.

Dios y mi llanto
saben a quién nombro tanto.


martes, 27 de diciembre de 2011

Rumiando la tarde.

Rumiando la tarde en el Parque del Pricipe, Cáceres 1 de septiembre d 2007

Aunque Cáceres es ciudad digna de ver, yo cada vez la visito menos y con menos ganas. Ya la  ciudad no me parece mía, me parece más de otros. Los cacereños no me reconen ni yo los puedo reconcer. Paseo por Canovas mirando fijamente a la cara a los que me cruzo. Sus caras no me dicen nada. Voy buscando al compañero de clase, al camarada de vinos en el Mesón de los Castuos o en la Machacona, y no veo mas que a viejos canosos o calvos. Ya no queda nadie de mi edad. Aunque mis hijas me dicen que soy de la edad de piedra ya no reconozco ni a las piedras de mi edad. 

Supongo que, en alguna de mis visita a la vetusta Cáceres, me he cruzado con algún compañero de pupitre. Quizás pase junto a Telesforo Alcón Paule y él tampoco me reconoció. Y he buscado a Juan Duarte por la Parte Antigua, en el mismo sillar de granito de la Plaza San Jorge, donde una noche, después de muchos vinos, hablamos de filosofía y de política y renegábamos de Dios y de Fraga Iribarne, que no hacia mucho había visitado Cáceres. Y reíamos al recordar la pinta de su esposa (que en paz descanse), una rubia Marilyn, saludando con él desde el balcón de la Delegación de Gobierno. Y como nos llevan las pierna, tan ligeros, cuando los grises cargaban contra nuestro abucheo.

He buscado a Fernando Carbajal, "El dragoncito" como Candisky y yo le llamabamos. Pero al Fernando parece que se lo ha tragado el tiempo, como a mí. Busco sus pinturas en Internet y no encuentro casi nada. ¿Tendrá una página?. No creo. Pregunto por él cuando voy a visitar mis ruinas. "Si le ví, de dice Candsiky, pero no se bien que hace ahora". ¿Sigue dando clases de dibujo en Magisterio? pregunto. Eh, ¿Como? Ya magisterio no es magisterio. La Normales están cerrada a los docentes (decentes). Es normal en los tiempos que corren. 

He buscado las pisadas por Cáceres de Narbón, pero nada mas ilusorio. A quien puede interesar los campesinos abrasados por el sol y el mal salario, las caras consumidas por las miradas del cacique, la sordidez de lo sordino. Todo está dicho ya. ¿Que se puede añadir?
 

 
Rumiando la tarde de agosto por el Parque del Principe solo pude ver lo que digitalizó mi cámara digital. Y quizás algunos de estos paseantes se sientan tan ausentes y distantes de esta ciudad que yo, sin tan siquiera haber salido nunca de Cáceres.

Juan Barroso
@2011.
 


Potes y la televisión


Esta es Alicia en Potes (Santander), un viernes, 15 de agosto de 2008. Mirando hoy la foto, me ha venido a esta pésima memoria que tengo, que yo, en 1963, miraba el río Quiviesa desde el mismo puente en el que posaba Alicia 45 años después. Ya ves, 45 años. ¡ Cuanta agua y cuanta gente habrá visto pasar el Quiviesa ¡

Fui a Potes desde Pesaguero, un pueblecito mínimo de los Picos de Europa. Tenía 8 años y debía hacerme un análisis de sangre. Yo he tenido siempre pánico a las agujas. Tanto como Monseta. Mi padre me sacó de casa hasta el autobús a rastras y con la promesa de que en Potes haríamos un estupendo desayuno y que vería algo sorprendente. Un aparato nuevo. Lo nunca visto. Una caja con un cristal en donde aparecían gente hablando y cantando. Se llamaba televisión. El dueño del bar, donde desayunaríamos después de ir al médico, había comprado "una televisión". Si, una televisión. No se porqué a este aparatejo se le calificaba como femenino. Una televisión en lugar de un televisor, como lo llamamos hoy.  

Este aparato era considerado en aquellos tiempos como algo diabólico y maligno. Una brujería de los tiempos modernos. "No se donde iremos a parar" decían los mayores. Yo aun no sabia nada de sus perversidades o bondades, nunca la había visto. Ni las caté aquel día. Ya veréis el porqué.

Al salir del médico, después de una descomunal sangría, no se como sacaban tanta sangre aquellos malditos carniceros o eso me pareció a mis 8 años, yo arrastraba un sofoco del 15. Nos dirigimos a un bar, que creo recordar, se encontraba justo en los portales que hay detrás del coche rojo que aparece en la foto de Alicia. 

Al entrar, el bar apestaba a cabrales, y  señalando al fondo, casi en el techo, mi padre dijo: "Mira una televisión". Yo con mi llantina no recuerdo haberle hecho mucho caso. Me impresionó más cuando mi padre pidió un café con leche y un "cruasan con matequilla" y para él una copa de orujo. Claro, él ya había hecho un buen desayuno antes de salir de casa. Como a él no tenían que sacarle sangre, eh. Yo, nunca había comido un "cruasan". 

Aunque continuaba yo con cara compungida y ofendidísimo por la sangría que me acababan de hacer, me encontraba algo mas repuesto y animoso después de zamparme el "cruasan" y dije a mi padre que quería ver la televisión. Mi padre dijo con autoridad al dueño del bar: "Pon la televisión para que la vea el niño". "Ahora no dan nada, solo sale la carta de ajuste". "Bueno ponla de todas forma para que se quede tranquilo". Y vaya birria de televisión. La carta de ajuste y un ruido insoportable a huevos friéndose. 

Y así regresé a Pesaguero en autobús a la hora de comer. Lo bueno de Pesaguero era que cuando nevaba no íbamos a la escuela y yo y Toñy nos quedábamos en la cama de mis padre saltando toda la mañana.

De una de estas mañanas recuerdo una historia con una caja de Laxenvusto, que es para contar otro día. Casi mejor sería que la contase Toñy, mi hermana.

CONTINUA EN:



Video de Pesaguero  



PESAGUERO


Excmo. Ayuntamiento de PESAGUERO

El municipio de Pesaguero lo forman 10 aldeas, de las que ninguna llega a los 100 habitantes. Las más destacadas son Caloca, Valdeprado, Lerones, Lomeña y Pesaguero.
Situado al sureste de la cabecera comarcal, por este área de montaña lebaniega discurre el río Bullón formando un estrecho valle. Un hermoso paisaje constituido por pequeños pueblos, ricos pastos y bosques bien conservados: carrascales en las zonas bajas, en los montes de Lerones o extensos robledales y hayedos en el curso alto.
La actividad económica básica de la población se centra en la ganadería de montaña: vacas (pardo alpina, frisona), ovejas y cabras. Por otro lado, la agricultura se basa en la pradería para el ganado y en cultivos de tipo forrajero. La gastronomía se sustenta en la calidad de sus productos: garbanzos, orujo, queso..
Destacan las iglesias góticas de Caloca y Avellanedo. La arquitectura civil está representada por casonas de gran calidad del siglo XVIII en Vendejo y Valdeprado e igualmente destaca la arquitectura popular de las diferentes localidades.