martes, 12 de marzo de 2013

Extremadura y Juan Fernandez: Odio la Patria en la que he nacido

Es una pintura de Juan Fernández,
 pintor extremeño maltratado en Extremadura.
 Pintó en los años próximos a 1630
Le apodaron el Labrador porque vivía apartado del mundo
sustentándose de lo que en la tierra producía.
Apenas sabía escribir y pertenecía al linaje
 de los pobres Fernández de toda la vida.
Viajaba una vez al mes a la capital para vender sus pinturas.
Algún listillo de la corte compraba sus cuadros por cuatro reales
 y se los colocaba  al monarca, como pinturas de Zurbarán.
 La colección  mas importante de sus obras las adquirió
 el secretario del Embajador Inglés en España, sir Artur Hopton.
Los ingleses, no más honrados que nosotros,
han sido siempre mas inteligentes.
 Hoy, sus obras en manos de marchantes, se reconocen como geniales
 pagándose por ellas lo que a él en vida le negaron.
Maldigo esta patria que valora más lo extraño que lo propio.



Odio la Patria en la que he nacido.
Como el conde Don  Julián,
al "moro infiel" la entregaría
aun sabiendo que sin ser no será mía
quizás mejor y mas nuestra nos sería.

Esta patria madrastra,
que desdeña al hijo labrador
y premia al proxeneta.
Señorito que tañe 

la Patria en panderetas
grabada en su escudo familiar
haciendo patria,

 como una Cospedal
 luciendo su peineta.

Maldigo esta Patria singular,
 por cabestros dirigida,
desde el rey para abajo
todos un desecho.

Al final yo tambien.
Me marché en el silencio
como se fueron otros,
Reservando la fuerza
por preservar  la vida.
Para amasar libertad
con rabia contenida..

Por no volver a sufrir
(ni en mi, ni en los míos )

 esclavitud medieval
de gente misera y sombría.
Y así, sin querer, 
sin haberte querido,
poco a poco
 lejos de ti, se me va la vida.

Pasé , sin querer, de jornalero

como mi padre a mercenario.
Triste Guardia Civil,
a pesar de su padre encarcelado.
Y a la tierra cainita volvió,
y volvió a la madrastra infame.

Él volvió para volver

 a esclavizarse al amo, 
siendo ahora el amo
un amo de familiar y acomodable.
Mejor sería, padre,

que hubiéramos medrado
en el prado infantil de Pesaguero
porque al fin y al cabo, 

hoy ni te tengo.
Ni tengo la patria protectora
ni la familia tengo.
Los muertos ya están muertos.
La niñez se olvida
o se recuerda la vida

 en un poema tan tonto 
que al final también se olvidan.

Allí prometen pan ,
pan si les sirves,
pagándote con pan la cobardía.
Me marché y dije no
como lo hicieron otros

No fue un no por pura valentía;
la valentía viril hubiera sido
luchar y luchar  sin ahorrar,
la guerrilla alegre  del Che,

en ese alegre y caluroso día

Hoy te miro, Labrador como yo,
tu Juan Fernández, mejor pintor
y de igual vida. 

A ti sin salir de Trujillo,
a pesar del olvido,
el tiempo te hace grande, 
sin saber leer, tu corazón
te haces poesía.

Esta tierra madrastra no ha sabido
que su alma febril lo enloquecía

.....(poema incompleto)....




Juan Barroso
Barcelona, 11 de Marzo de 2013


2 comentarios:

Juan barroso dijo...

Cometario en Facebook a la obra de Juan Fernandez.

Desde que lo descubrí en 2013 es un prohombre para mi.

Hace unos días le mostré a Jaime Picazo esta obra de de Juan Fernandez, pintor cacereños del que poco se sabe. Se conocen obras suyas, pero como suele pasar con los grandes genios, de su vida privada poco se sabe. Se recuerda su mote o apodo: El Labrador. Los comerciantes de la época, recordemos de estamos en 1600, le llamarían así con menosprecio. A otros de mejor familia les llamaron Luis Morales "El Divino". A nuestro labrador extremeño no debió importarle mucho el mote. Posiblemente había leído y hecho suyo aquello del "Ande yo caliente y ríase la gente" Y para solazarse, después de horas de pintura, salía a su huerto, próximo a Trujillo y labraba la tierra como sus convecinos. Dicen que Juan El Labrador era un pintor que se hizo a si mismo. Autodidacta. Sin mucha formación académica.
Cuando Jaime, que sabe de esto, vio este cuadro, me dijo: "Es imposible que aprendiese solo. Debió de tener un buen maestro. Fíjate como quema los verdes de las hojas de parras"

Después lo he mirado con mas detenimiento y para mi sorpresa veo que dibuja con honestidad los hilos con que colgó los racimos en su estudio rural para dibujarlos. Fíjate bien y lo verás. Magistral. Es una pintura limpia, sin engaños. La rama que contiene los racimos de vid esta cortado y sujeta al techo con un hilo. Todo es verdad, real y eterno. Quizás fuera otro Eternalista como Picazo. De esos que piensan que el arte debe ser atemporal.

Juan barroso dijo...



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