martes, 14 de febrero de 2012

Gao Xingjian - Una Caña De Pescar Para El Abuelo


Gao Xingjian  

Tinta sobre tela





Gao Xingjian, 1940.

 Chino residente en Francia.  Premio Nobel de  Literatura en el 2000.

Autor de una colección de cuentos  escritos en los 80, llamada
  Una caña de pescar para el abuelo.












































  Una caña de pescar para el abuelo.
fragmento

Iré a las afueras, a la orilla del río de las afueras al que el abuelo me llevó a... ¿pescar?, recuerdo que el abuelo me llevó al río, no me acuerdo con claridad si pescamos algo pero recuerdo que tenía un abuelo y una infancia y que en esos años de infancia me sentía muy mal cuando mi madre me bañaba desnudo en el patio, he buscado la casa en que viví cuando era pequeño, también me acuerdo que una vez me levanté en mitad de la noche para ir a cazar con alguien que no era el abuelo, caminamos todo el día y matamos un gato montés que confundimos con un zorro, me viene a la memoria un poema cuyo protagonista lleva el cuerpo cubierto de cuchillos de caza tintineantes, una libélula sin cola revolotea sobre el lugar, los críticos tienen padrastros en los ojos y el mentón ancho, quiero escribir una novela profunda, tan profunda que las moscas perezcan ahogadas en ella, y luego veo la espalda del abuelo sentado en cuclillas sobre un taburete fumando encorvado una pipa, abuelo, lo llamo pero no oye, me llego a su lado y lo llamo de nuevo, abuelo, y esta vez se vuelve pero no sujeta en su mano ninguna pipa, lágrimas viejas le surcan el rostro e hilillos de sangre le inundan los ojos como irritados del humo, bien que gustaba de echarle leña y paja a la estufa para calentarse en invierno sentado en cuclillas al lado de su boca, ¿por qué lloras, abuelo?, pregunto y se suena con los dedos y lanza un suspiro y se limpia la mano en un costado de las alpargatas sin dejar la menor huella, las alpargatas de suela bien gruesa que le ha hecho la abuela, me contempla con sus ojos rojos sin decir una palabra, te he comprado una caña de pescar con carrete, le digo, él carraspea desde lo más profundo de su garganta sin mostrar el menor entusiasmo, de este modo llego al fin a la playa del río, el crujir de la arena bajo mis pies parece suspiros de la abuela, la abuela andaba farfullando todo el día pero no decía una sola frase inteligible, y si le preguntaba adrede ?qué dices, abuela?, levantaba perpleja la cabeza y al cabo de un buen rato decía ah, ¿ya has vuelto de la escuela?, o ¿tienes hambre?, en la cestilla de la cocina hay boniatos cocidos al vapor, cuando estaba enfrascada en sus monólogos era mejor no interrumpirla, hablaba de las cosas que le pasaban de mocita, pero si la escuchabas a escondidas desde detrás del respaldo de una silla parecía decir siempre lo mismo, está cubierto, cubierto, cubierto, cubierto, cubierto, algo así como que todo está cubierto, todos estos recuerdos resuenan bajo la arena que hay bajo tus pies.







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